La maternidad en los tiempos del COVID-19. Ideas para sobrevivirla

La maternidad no es cosa fácil. Más aún cuando todos los chicos están en casa, tenés trabajo que hacer, un jefe que está esperando resultados y te balanceás frágilmente entre la culpa de no ser buena madre y el miedo de perder tu trabajo.

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No es un asunto del Covid-19, aunque la cuarentena todo lo magnifica y entonces, inevitablemente tenés que verlo, porque si no, estallás. O, en su defecto, ya estallaste y estallaste y estallaste otra vez. A veces los chicos, a veces el trabajo, y si tenés pareja, aún más.

Las emociones se nos están desbordando a todos y muchas ni siquiera tenemos la posibilidad de soñar, porque el sueño del cocktail en una playa ya se nos convirtió en una mala broma.

Y de nuevo, guindas de la auto-compasión como si sirviera de algo. No. No sirve de nada.

Si, si, todo bien ¿Y? Parecés decirme desde el otro lado de ésta pantalla.

Y, primero que nada, sabé que vas a sobrevivir ésta. Como has sobrevivido tantas otras. Si hay algo que te da la maternidad es resiliencia, sencillamente porque no te queda de otra.

Segundo, y no menos importante, sabé que el auto-cuido es el primer cuidado que tenés con tus hijos. Si vos no estás bien, nadie en la familia lo está. Es así de simple y de hermoso.

Y no me refiero a que te cuidés por ellos, ni ninguna yerba similar. Es muy simple, si no te cuidás, si no bajás los niveles de estrés, si no subís los niveles de serotonina, adiviná quién es el primero en sufrir: Tu sistema inmune, y francamente ¡No está la novia para tafetanes!

Y yo sé, que hay una partecita secreta, chiquitita y casi inconfesable que está deseando enfermarse para poder darte un break con excusa adjunta. (¡No de Covid-19 obviamente!)

Pero no. No está bien.

Tiene que haber otra manera.

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Te voy a pasar algunos tips míos y de otras mamás que te pueden funcionar no sólo en la cuarentena si no para el resto de tu vida. Incluso, cuando ya están grandes y el nido quedó vacío.

La leche condensada en el café

Yo me elaboré un ritual, que al día de hoy cumplo: Mi hora de café es mía. Es sólo mía. Y me la hago deliciosa.

Me conseguí una taza bonita, con un significado que me diera alegría. Identifiqué el café que más me gusta y cómo me gusta tomármelo (Y en ése tiempo era con leche condensada).

Y un día me desperté más temprano sólo para disfrutar de mi café antes de que nadie se levantara. Y al día siguiente lo hice de nuevo. Y al siguiente otra vez.

Y, al día de hoy, 30 años después, sigo tomándome mi tiempo de café como un ritual. Es un tiempo para conversar conmigo, escribir en mi diario, y estudiar Un Curso de Milagros.

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Sin embargo, al margen del ritual, lo de la leche condensada merece una mención aparte porque para mis hijos la leche condensada significaba el infierno. Si alguien, por la razón que fuera se la tomaba, yo me convertía en la peor Mrs. Hyde de la historia.

Podía pasar horas haciendo un drama enorme por no poder tener ése tiempo completamente a mi gusto.

Y hasta hace muy poco, la sóla mención de las palabras juntas me causaba muchísima culpa. Hasta que, hace muy poco comprendí.

Y desde mis casi 55 me senté con mi Olga de 25 a 40 y le dije que tenía todo el derecho de hacer el berrinche que quisiera porque ésos quince o veinte minutos en soledad la sostenían durante todo el día.

No hay drama, ni hay malos o buenos, ni yo era una mala madre por quererle arrancar la cabeza a alguien cuando mis quince minutos para comenzar el día no eran perfectos.

¡Sencillamente estamos sobreviviendo chicas!

Porque en serio los queremos un montón, porque queremos también tener una vida, un trabajo en que nos vaya bien y un abrazo en la noche. Y no siempre tenemos todos esos lujos.

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El Amor es lo importante y de éso no se duda, nunca.

Eso me lo enseñó mi madre cuando ya era abuela.

El Amor NUNCA se condiciona. NUNCA.

Te portaste mal, sos insolente, malcriado, rebelde: Te quiero igual.

Te jalaste LA torta del siglo: Te quiero igual.

Te tengo castigado con una década sin pantallas: Te quiero igual.

Sin importar las circunstancias, el Amor no se cuestiona. Porque es tu verdadero trabajo: Amarlos, amarlos muchísimo.

Y si, hoy por hoy sigo creyendo que hay que ponerles límites y, -no te perdás-, poner límites ES AMAR.

Y vos también te tenés que poner límites.

Límites a tu necesidad de protegerlos de todo (Creémelo: va a llegar el día en que no podás siquiera pensar en cómo hacerlo, porque ya estarán fuera de tu alcance.), límites a ellos en tu espacio y tu tiempo, porque de nuevo, si vos te jodés será mucho peor.

Aprendé a decir que no, incluso más frecuentemente de lo que decís que si.

Aprendé a dejarlos cometer errores, aprendé a dejarlos observar las consecuencias de sus actos. Aprendé a no atajarlos antes de que se caigan.

Mi terapeuta, esta mujer brillante, me dijo una frase inolvidable: “Tener un hijo es aprender a confiar en otro ser humano”.

Y es jodido, no te digo que no. Hoy mismo tuve un pleito con uno de mis hijos sencillamente porque me cuesta enormidades confiar en él. No, no es fácil querer tanto a alguien y dejarlo ir de la mano de la Vida.

Hay que aprender a confiar, a ciegas, sin comprender porqué o cómo, tu Amor vive en ellos, lo que sea que les hayás enseñado también.

Y, además, ¡adiviná! Si vos te auto-cuidás… ellos seguirán tu ejemplo. Sin duda.

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Tené una vida propia, ellos también la tendrán

Si, todos sabemos que la idea de la familia feliz corriendo por un potrero es muy linda. Pero dura un minuto, y cuando te das cuenta todos esos chiquitos maravillosos se fueron para lo que sea, el concierto, el partido, la fiesta o la casa de Fulano o Mengana.

El potrero desaparece y te quedás vos, sola o no. Un poco extrañada siempre de que ya pasó el tiempo y pueden pasar semanas sin saber nada de nadie.

No les hacés falta y eso, querida lectora, es un hecho, jodido pero cierto.

Tampoco tu mamá te hacía falta cuando tenías 20 años y la vida era una pizza con el queso derritiéndose en tu mano.

Aprendé a conocerte, ¿Qué te gusta y qué no? ¿Te gusta el cine? ¿Leer? ¿Pintar? ¿Cantar en karaokes? Hacete de una vida que no podás esperarte a vivir por completo.

¿Tenés pareja? Aprendé a conocerl@ también.

Que cuando se vayan al concierto no te quedés sentada llorando en un pozo de autocompasión.

Ahora, en los tiempos del COVID-19, aprovechá esta bola curva para pegar el batazo hacia lo que te gusta en serio.

Y comenzá a hacerlo más a menudo y más a menudo. Averiguá si hay forma de que te paguen por hacer lo que te encanta. Y hacelo. Mucho. Todo lo que podás.

Lo que nos encanta nos guía y protege (Richard Bach).

Hoy parece una falacia (Como la imagen del cocktail a la par de la piscina) pero, en buena lid, lo que sea que te encanta será la red en que te caerás cuando todo parezca ir de mierda.

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Enseñales a respetar y valorar tu trabajo

Sea que te toca hacer teletrabajo, sea que te despidieron y estás estirando los ahorros o pidiendo prestado mientras se te ocurre qué podés hacer para alimentar a la tribu. Sea lo que sea, ellos dependen de tu trabajo, y deben aprender a cuidarlo también.

Yo fui guía de turismo por muchos años y mis hijos se acostumbraron a la idea de los buses enormes cargados de gringos, a la idea de que, con alguna frecuencia cuando se levantaban yo ya estaba hacía horas dando tour en alguna parte de Costa Rica.

Yo era la “mamá cool”, la aventurera. Sí, pero también era la mamá ausente, a veces por semanas. También era la que cuando llegaba a la casa no quería salir y si lo hacía despotricaba en una ola de mal humor causada por el cansancio y la frustración.

A estas alturas y para ser honesta, no tengo la menor idea de cuánto valoraban ellos mi trabajo, sin embargo, si puedo decir en voz alta que aprendieron a punta de ejemplo, puntualidad, compromiso y un gusto por hacer las cosas bien. (No que yo siempre las hiciera bien pero lo intentaba con todo mi ser y ellos eso lo sabían).

Y, si estás haciendo teletrabajo o te convertiste de súbito en emprendedora, porque no hay más, hacete de un santuario para tu trabajo. Un lugar bonito, con azules y rojos de ser posible (Dicen los psicólogos que son ideales para las estaciones de trabajo), sin mucho chunche y que sea tuyo, ante todo.

Tu computadora, tu escritorio, tu cocina, tu moledero, tu máquina de coser, etc. Tu espacio para el trabajo. Una zona sin niños o adolescentes. Es tu trabajo y hay que valorarlo.

Y no te desesperés, no sirve para nada.

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Red de apoyo

Creáte una red de apoyo: Tu pareja, tu mamá, la otra abuela, hermanos y hermanas, las amigas, la señora que te limpia. Aprendé a pedir ayuda y a recibirla.

Si, es en serio.

No ha nacido todavía la mujer que pueda hacer todo lo que se nos pide. Pero entre varios si se puede.

Contá con tu red de apoyo, acudí a ella cuando las cosas se pongan fregadas, acudí a ella para pedir consejos.

Si podés, hacé que tus hijos se acerquen a tu red de apoyo, que ellos también cuenten con ella.

En mi caso, mi mejor amigo de toda la vida es parte de ésa red de apoyo y desde muy chiquitillos mis hijos se acostumbraron a verlo y a que sea parte de sus vidas. Al día de hoy, cuando hay un conflicto, a veces no queda más que el 800-Tío Richie.

Sólo Dios sabe la bendición que él ha sido en las vidas de ellos, al margen de mi incluso.

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Jugá mucho

Con ellos si, por supuesto. Pero involucrate en los juegos. Dejá que tu niña interna disfrute de la despreocupación de los juegos.

Poné el teléfono (Y los de todos) en una canasta y sacá el Scrabble, o el Catán o lo que querás. Apagá todas las luces de la casa y jugá Escondido.

Bajate del pedestal de la mamá y reíte un montón, pintá con crayolas, o escuchá la música que les gusta. Abríte a la posibilidad de que te guste.

No te perdás de la magnifica oportunidad de volver a ser la niña de la que a veces te olvidás. Hay muchos juegos que se pueden disfrutar metidos en la casa.

En conclusión

Sos humana. Sobre todo y primero que todo.

Podés cometer errores, no te castigués por ellos. Lo que llamás hoy tus grandes fracasos en el futuro tal vez se verán como tus grandes éxitos y vice versa.

Tenéte paciencia, esto va a pasar y la vida va a entrar en algún momento en la normalidad. Los chicos se irán para la escuela, el colegio o la universidad y estos días quizás te despierten nostalgia.

No le des demasiado tiempo a las noticias ni a las redes, salite por largos ratos de tu teléfono, y no te permitás sufrir por las consecuencias imaginarias de lo que no está pasando.

Y cuidate, muchísimo. Por vos y por ellos.

Un abrazo fuerte de mamá a mamá.

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