Autoconocimiento, la clave de la libertad

La autoconciencia es la capacidad de reconocer y comprender las propias emociones, pensamientos y comportamientos, así como su impacto en los demás. Implica tener una percepción clara de la propia personalidad, los puntos fuertes y débiles, las creencias, los valores y los objetivos. Ser consciente de uno mismo ayuda a tomar mejores decisiones, mejorar las relaciones y lograr el crecimiento personal. Al conocer mejor las propias emociones y reacciones, se pueden tomar medidas para gestionarlas con más eficacia y llevar una vida más plena.

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Autonomía desde el punto de vista del espíritu libre

Self Empowerment

El empoderamiento personal, desde mi punto de vista, tiene que ver con la autoconciencia, la confianza, el sentido de propósito, la capacidad de atención plena y las relaciones positivas.

Confianza | Autonomía

Cualquiera que me conozca puede dar fe de que he experimentado grandes altibajos y idas y vueltas. Soy madre soltera de cinco hijos de cuatro padres diferentes y fui guía turística autónoma durante toda su infancia. Sólo eso ya te habla de autocapacitación.

No sólo el hecho de haber vivido mi vida fuera de los caminos convencionales, sino también el haber seguido siendo independiente y persiguiendo mi pasión, incluso con las responsabilidades más duras.

Sé lo que es el autoempoderamiento… De lo contrario, no habría sobrevivido a décadas de continuo caos emocional y terrible estrés mental.

Quería ser responsable con los niños, pero también quería viajar. Quería viajar pero, para hacerlo, asumí las necesidades y deseos de mis pasajeros de gira.

Quería asumir mis compromisos, pero una parte importante de mi responsabilidad, según mis valores internos, es ser feliz y libre.

Era un enigma, que hasta hoy, no tengo ni idea de cómo gestionar. Sé feliz y libre, pero responsable y comprometido. Parece un oxímoron.

Las secuelas son tan caóticas como la propia epopeya:

Perdí mi herencia completa en el proceso y probablemente cometí toneladas de errores en la crianza de mis hijos (Eso es otro blog por sí solo), me convertí en una experta en hacerme daño y terminé escudándome en el romanticismo para no perder la cabeza. Sin embargo, he vivido. Verdadera, intensa y groseramente a veces. Pero todo lo que hice, y todo lo que hago, hasta hoy, procede de una profunda e insondable confianza en mí mismo.

Por lo tanto, quiero escribir un poco sobre el auto-empoderamiento, porque aunque ha sido uno de mis mayores retos, también ha sido el trampolín que he utilizado para cualquier emprendimiento.

Autoconocimiento:

Besarse a uno mismo | Autocapacitación
Besarse a uno mismo | Autocapacitación

La autonomía empieza por la conciencia de uno mismo. Se trata de entender quién soy, en qué creo y qué me motiva. A medida que he ido envejeciendo, me he tomado tiempo para reflexionar sobre mis experiencias vitales e identificar pautas en mi forma de pensar y comportarme. Esta introspección me ha proporcionado un conocimiento más profundo de mí misma y me ha permitido tomar decisiones más informadas y auténticas sobre mi vida.

Más información sobre la autoconciencia aquí.

Comprender y aceptar mis emociones

Otro aspecto importante de la autonomía es comprender y gestionar mis emociones. He aprendido que cuando comprendo mis desencadenantes emocionales, puedo tomar decisiones más conscientes sobre cómo responder a ellos, en lugar de dejar que mis emociones me controlen.

Confianza | Autonomía

Esto me ha hecho más estable emocionalmente y resistente y ha reducido el estrés y la ansiedad en mi vida.

Habilidades de comunicación

También he descubierto que la autonomía me permite comunicarme más eficazmente con los demás. Al comprender mis propios pensamientos y sentimientos, estoy mejor preparada para articular mis necesidades y perspectivas, lo que me ha llevado a tener relaciones más productivas y satisfactorias.

Además, tengo más confianza en mis capacidades y es menos probable que busque la validación de los demás, lo que me ha permitido establecer relaciones más sólidas basadas en el respeto y la confianza mutuos.

Sentido de la misión

Además, la autonomía me ha permitido perseguir mis pasiones e intereses con mayor determinación y determinación.

He aprendido a fijarme objetivos acordes con mis valores y aspiraciones, y tengo la confianza necesaria para perseguirlos con pasión y dedicación. Esto me ha dado una mayor sensación de propósito y realización en mi vida.

Autoaceptación

Por último, la autonomía me ha ayudado a ser más tolerante y compasiva conmigo misma. He aprendido a concederme gracia y perdón, en lugar de buscar constantemente la perfección. Esto ha cultivado un mayor sentimiento de amor propio y autoaceptación, esencial para el bienestar general y la felicidad.

Para terminar

En conclusión, la autonomía ha tenido un profundo impacto en mi vida. Me ha permitido superar retos, forjar relaciones más sólidas, perseguir mis pasiones y cultivar el amor y la aceptación de mí misma. Animo a todo el mundo, independientemente de su edad, a que invierta tiempo y esfuerzo en capacitarse, ya que puede mejorar enormemente su vida y su bienestar general.

 

Etiquetar, nuestra prisión favorita

Estamos en la época de las etiquetas. Etiquetar es el deporte de moda. El «trend». Hashtags para arriba y para abajo, hashtags con los que nos encerramos y limitamos. Hashtags con los que hacemos mundos oscuros y amargos. Hashtags para reírnos y para llorar.

\Imagen

Espíritu Nahual. Colección privada de Andrés Herrera González.

Las etiquetas (Estos prejuicios de papel amarillo) nos aprisionan tanto como nos justifican.

Siempre me gustó un poema de la magnífica Tatiana Lobo que decía «Me gusta que me llamen puta, porque entonces puedo hacer el amor con quién me dé la gana».

A la hora de verla frase de cerca, sin embargo, lo que veo es la justificación perfecta para hacer lo que, de todos modos hago.

Me aguanto el dolor del rechazo que conlleva la etiqueta de puta y con ése dolor pago mi libertad.

¿Es en serio? Si, es en serio.

La etiqueta me justifica, me guía, me protege. Todos hemos vivido en armarios hechos de etiquetas. Nos pusieron etiquetas cuando éramos niños, seguimos creyéndolas voluntariamente y las defendemos como a la vida: «Soy desordenadx» «Soy inconstante» «Estoy locx».

(Una paréntesis válida: No necesitarás la etiqueta para definirte. Sos lo que sos, y en este mundo interconectado, estás haciendo lo mejor que podés. En serio).

Las etiquetas además de cuarteles defensivos, son prisiones voluntarias. Nos persiguen, nos culpan, nos castigan. Nos torturan. Nos pueden matar.

Y con base a estas etiquetas que nos definieron y con las que definimos al resto del mundo, juzgamos lo injuzgable: al ser humano.

Transformamos al otro y a nosotros mismos en etiquetas. Con base a ellas, nos alejamos, o nos acercamos. Con base a ellas atacamos, con base a ellas matamos. Nos volvemos islas rodeadas por mares de «post-it».

Cerramos puertas y, quedamos prisioneros en la imposible soledad de la defensa total.

#sontodosunosidiotas #malvados #gentetoxica #zorra #playo #tortillera #terco #gentetonta #soyelmejor #soylamejor #hijueputa

Obviamente que, en una utopía a la que no hemos llegado, las etiquetas van a caer.

Todas.

Digo, evidentemente: ¡Están cayendo frente a nuestros ojos! Las ponemos y se caen viejas y gastadas porque están perdiendo la goma.

Pero tenemos que entender que si queremos, todos, liberarnos de las etiquetas, de los prejuicios y todas ésas yerbas… Si. Tenemos que ser los primeros en dejar de etiquetarlo todo.

\Puntos

«Puntos de Vista». Dos cuadros de 20×20. Acrílico sobre lienzo. A la venta.

Y sí, inevitablemente para dejar de etiquetar, hay que quererse mucho, porque lo único que atacarás es lo que odiarás en vos. Si soltás la etiqueta de la frente del otro, desaparece la tuya. Y entra la Paz.

(«El cambio de percepción cambia la visión», decía Thomas Kuhn).

Y había otro mae -conocidillo- que decía «por ver el zacate en el otro no ves la viga de tu ojo» ¡Tenía razón! ¿Querés conocerte?

Ve las etiquetas que le ponés a los otros. Ahi estás vos definido/a.

Mi universo es un enorme espejo de lo que creo que soy.

Y tu universo es un enorme espejo de lo que creés que sos.

Si se sueltan las condenas, nos liberamos ambos. Es así de sencillo.

No porque un dios nos lo imponga. No porque Jesús, Buda o Pacha Inti nos lo recomienden… ¡Mae! Es que la cárcel que no nos deja ser felices, son nuestros juicios, condenas y castigos.

«El infierno son los otros» decía Sartre -en un contexto que no conozco, valga decirlo-. ¡No! El infierno son las etiquetas que le clavamos a los otros -que vienen de las que ya nos pusimos a nosotros mismos-.

Ahora, si, todo muy bien. ¿Y qué se supone que haga?

Porque si mi tía es tóxica (Y tóxica es un juicio y una etiqueta), y me alejo por eso, ¿me le tengo que volver a acercar?.

No tienes que hacer nada. Nada de nada. Sólo abrirte a la posibilidad la siguiente vez que la veas de que, ella no sea «tóxica». Echale una miradita. Nada más. Y si lo que ves te asfixia, cerrate como una almeja.

Todo bien. (Si tenés terapeuta, lo hablarás en la próxima sesión. Al rato y salen cosas interesantes)

\Imagen

Y como muestra, cuento una historia (y lanzo un mensaje a la web, de paso).

Tengo un amigo, a quién quiero profundamente.

Una de esas personas con quién abriste una conversa que sólo parece extenderse a lo largo de los años. Nos reímos mucho juntos, viajamos, lloramos y en general nos hicimos felices mutuamente. Una relación sin sexo, pero poblada de amor. Y sin embargo sí, a él le puse la etiqueta de «tóxico» hace muchos años a raíz de repetidas agresiones en incontrolables ataques de ira.

Cada vez que pienso en volver a contactarlo, la etiqueta se me atraviesa y me defiende. «Y se me pasa».

No sé si ya fue a terapia, no sé nada de él desde hace muchos años. No sé si ha cambiado en su médula, lo único que puedo hacer es desear que esté bien y asegurarle si me lee, que lo quiero muchísimo.

¿Soltar la etiqueta? Por un segundo quizás. Sólo para asomarme a ver si la de «agresor» ya no está justificada.

Es mi prerrogativa hacerlo o no.

(¿Este es un mensaje? Si, and no. Si lo es, es para una persona específica. Pero si vos no sos esa persona específica, es una historia, que contiene si, un mensaje).

\Imagen

Árbol de Vida. Foto por Gustavo Mora. Colección privada de Marina Rivera.

Ante todo, tratarte con cariñito. Tu bienestar, y tu paz mejoran el metro cuadrado en que vivís y desde el que iluminás a tu universo.

Si no podés manejar el dolor que te causa lo que ves, todo bien. Alejate. Sin culpas (Que no sirven para nada).

Pero no te cerrés -y te encerrés- a la primera y sin justificación a punta de etiquetar al Universo.

Soltá las etiquetas ajenas, las de la publicidad, las de los chismes. Soltá las etiquetas que ni sabés que tenés puestas. Revisá lo que pensás de éste y de aquélla. Cuestioná todas las etiquetas. Cuestioná lo que creés que sabés de los demás.

Dejá de asumir y dejá de interpretar. Date un chance por un día.

Hice la prueba. Observá tus etiquetas por un solo día. Y ve cómo te sentís. Al rato y sacás algo.

Soltáte por un día. Caé tranquil@. No hay suelo.

Escribir para vivir. Vivir para comunicar.

Escribir para vivir. Eso era lo que quería cuando estaba carajilla, escribir y viajar. Y un día se me atravesó el turismo y viajar reemplazó con su pie ligero pero definitivo, la intención creativa de escribir historias y pasé a contarlas en un micrófono por décadas.

\Escribir

Vivir una vida tranquila

Vivo una vida bonita. Muy tranquila. Donde quiera que la viva… Digo, no porque haya elegido vivir en la montaña es que vivo una vida tranquila.

Vivo una vida tranquila porque a estas alturas del partido ya me di cuenta de que el noventa por ciento de las cosas, eventos y circunstancias que quise para mi vida no fueron ni significativas, ni importantes. Tal vez sólo para él momento específico, para la necesidad a la que respondían.

Mis sueños, mis deseos

Y luego de cincuenta y siete vueltas, ya me di cuenta de que me engaño casi siempre con mis sueños y mis deseos…. Como todos.

Creo que es para allá y cuando llego allá, termino suspirando, acodada y aburrida. La sensación no era la que había imaginado. Casi nunca lo es. Con alguna frecuencia me pasa que los sueños logrados no me hicieron tocar el cielo. Fueron los que fueron.

Porque al final, los sueños han sido míos. De mi para mi.

Y he logrado montones de sueños, pero realmente muchos. Chiquititos y grandes, planeados o no.

Y los sueños logrados como el dinero, si, bonitos… No es que no. Pero no llegan al vuelo, se quedan ahi, como dando brincos entre las ramas. Bonitos. Si. Pero jamás sobrepasan las nubes.

No es cosechar sueños como tildes lo que busco. No a estas alturas de mi vida.

No quiero una lista de cosas para hacer, zanahorias para seguir.

Tampoco me quiero quedar ahi, \»comfortably numb\», viviendo en el paraiso terrenal de turno, leyendo como siempre, libros, peliculas y a la vida. Evitando los relojes, como el Capitán Garfio.

Y entonces, a güevo, llega la pregunta: ¿Para qué putas sirvo a estas alturas del partido?

Digo, si.. Sigo escribiendo, sigo pintando, sigo haciendo cosas y creando vainas todo el tiempo, pero es que, inevitablemente llegué a la pregunta porque en serio que ya poner check marks en una lista no me está siendo suficiente.

Sé que tengo mucho que aprender todavía. Pero más allá, me pregunto por las personas que no conozco cuyas vidas cambiarán por cruzarse conmigo. Así como mi vida cambiará sólo por cruzarse con ellos.

\Escribir

A estas alturas del partido, a mis cincuenta y siete escribo, hablo, pinto. Me comunico. Eso es lo que sé hacer. Eso es lo que he hecho desde antes de tener uso de razón.

¡Y bueh! Acá estoy comunicándome.

Entonces decidí hacer esta pequeña revista digital en la que irá de todo, como en mi Tiktok. Un día una anécdota sobre una reina francesa, otro día una historia sobre el funcionamiento de la mente.

¿Qué gano? Lo que yo gane, individualmente, en serio que no tiene la menor importancia. Los sueños individuales dejaron de ser relevantes porque no son más que zanahorias para el burro.

Hace muchísimo tiempo aprendí que mi felicidad me muestra el camino para el que elegí esta vida.

Escribir para vivir. Vivir para comunicarme.

Y comunicarme me hace muy feliz. De la forma que sea. Y de repente le puedo ser útil a alguien que está esperando justo la palabra que yo diga cuando la diga, en el lugar que la diga.

No me toca a mi decidir el tempo de esta música. Tampoco quiero crear un personaje uera de lo que soy en este mismo instante, o en el que sea. No me interesa tener un monigote al que tener que obedecer, ni con quién ser coherente.

Ante todo tengo un compromiso sobre cualquier cosa con mi paz, mi alegría y mi libertad. Lo que sea que obstaculice eso, se va. Y no hay discusión posible.

Entonces le pido a mi público me disculpen la inconstancia. Sólo soy constante conmigo misma a estas alturas del partido.

Como siempre, gracias por leerme.

Los nombres de las pinturas, un asunto a veces confuso.

El asunto de los nombres de las pinturas es que, una vez que le das un nombre, le metiste, inadvertidamente una historia. Lo querrás o no.

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Los nombres de las pinturas son sumamente importantes o completamente intrascendentes… ¿A qué voy con esta contradicción? Pensemos en una pintura conocidísima… El Grito, del pintor noruego Edvard Munch y juguemos un rato…

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La poderosa imagen que ha llegado a ser tan común para nosotros que hasta emoticón tiene en el diario WhatsApp, nos cuenta el dramático relato de un grito. Un grito que no sabemos porqué fue. Un grito que sólo nos remite a un momento que parece ser terrible, brutal.

Y sin embargo, ¿qué pasaría si «El Grito» de Munch se hubiera llamado «El gato se comió el pastel de bodas»?

¡El gato se comió el pastel de bodas! ¡Oh, no! Y entonces podríamos ponerle detrás que el que grita es el hermano de la novia… ¡O! Mejor aún, el organizador de bodas. Es la mañana de la boda, vienen los invitados ahi nomás….

Si te abres lo suficiente a ver la misma obra con diferente nombre te darás cuenta de que, no sólo se ve distinta y observas detalles que de repente no habías contemplado. Podrás ver cómo cambia tu percepción frente a tus ojos.

El asunto es que el arte es comunicación. Los nombres de las pinturas son historias por si mismas.

Los significados nos cuentan historias. Las historias que nos creemos, que aprendemos, que incorporamos a nuestras vidas.

Y el rollo es que, yo como artista, no sé, en buena lid, qué te estoy contando. Y lo más simpático de todo, es que con frecuencia, tampoco lo sabes tú.

Sentimos cosas. Nos comunicamos en una dimensión sin palabras, sin ruido. Los sonidos del silencio en el arte son quizás los verdaderos motivos por los que el arte nos mueve tanto.

Definir en palabras las pinturas que pasan a través de mi es encerrarlas en significados que no sé si tienen, porque, en el silencio, las palabras son vanas. No tienen sentido.

Quisiera liberar la mente de quien las observa, soltarla a ver lo que le de la gana ver. Y sin embargo, ¡Wow! ¡Ojo la trampa del ego acá! Porque entonces creo que el mensaje no puede venir en palabras…

(Interesante esto de escribir pensamientos, es como un juego de ping pong con el teclado y la Mente que lo Es todo. )

\

Pues bueno, entonces si. Los nombres de las pinturas tienen el significado que les queramos dar al final. Lo que une la percepción, al final es lo que lo maneja Todo.

Pienso en el Grito de Munch, y me doy cuenta de que por mucho que abra la mente, nunca podrá ésta imaginar todas las conexiones que hicieron, en el tiempo/espacio y en mis neuronas, que Edward Munch y no otro estuviera aquí y ahora en mi mente contando la historia de la boda de su hermana. (Eso último es mentira… broma, broma…)

La mente no vive en el tiempo. El tiempo es una ilusión. Como los nombres de las pinturas… como las pinturas y todo lo demás.

El tiempo está aquí. El lugar es ahora.

La paz es aburrida… ¿En serio? Nahhhhhh

La paz activa, la paz aventura, la paz triste, la paz feliz, la paz aquí y ahora. Encerramos a la paz en una nube aburridísima y la paz es libertad pura. La verdadera paz es la completa confianza en la vida, la que nos permite vivir sin miedo.

\LaCuando era niña existían los cromos. No sé si existirán aún, la verdad. Eran papelitos que tenían un lado pintado con imágenes bonitas, o caricaturas. Habían unos de querubines. Ángeles que eran sólo cabeza y alas. Y brazos, si. Porque habían unos acodados en las nubes y tannnnn aburridos. Creo que de ahi me viene que la paz se me haya antojado francamente aburrida.

Y estaba radicalmente perdida al pensar esto.

Lo que pasa es que confundía lamentablemente la paz con pasividad. Y la pasividad es una yerba bien distinta.

¡Esa si es aburridísima!

Veamos las definiciones:

La palabra paz proviene del latín pax y significa un periodo de estabilidad, o sea sin guerra, entre naciones. Antiguamente estos periodos de tranquilidad eran resultado de un pacto y un pago (tributo). Por eso no ha de sorprender que ambas palabras (pago y pacto) también provienen de pax.

Y de las más de diez definiciones de la RAE, comento la que se acerca a nuestro tema:

Virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones.

Desde donde yo la veo, en mi universo personal, la paz lo reúne todo: La alegría, la libertad, el amor, y si, una tranquilidad absoluta sobre cualquier resultado.

El asunto de vivir en paz es mucho más que estar acodados en una nube viendo la vida pasar. Vivir en paz presupone estar en libertad, asumir responsabilidades cuando se tienen, darle campo a la alegría y especialmente al perdón.

Pero también presupone que si me enojo, o quiero gritar, llorar o tengo cualquier emoción que no me haga feliz, también puedo estar en paz con eso. No dejarme llevar por las guerras internas y externas, ver sus causas, buscar los diálogos que me lleven de vuelta a la tranquilidad si eso quiero. Pero ante todo es vivir sin miedo. Eso es todo.

Y vivir sin miedo no es poca cosa cuando hay una matrix interna que se dedica completamente a convencernos de que todo siempre está hecho mierda.

Y ¡No! Estamos rodeados de profunda belleza, hay más amor en una unidad del metrobus de lo que jamás podríamos contemplar. El rollo es que seguimos pensando que la individualidad es real y ¡claro! En lo individual, pues si, todo está incompleto.

Pero cuando te das cuenta de que todos somos UNO. De que todo es UNO. Te das cuenta de que en serio no hay nada que temer. Nada, nunca. La Vida no se detiene. No para y, especialmente no muere.

La Paz es la profunda creencia en que la Vida no puede ser amenazada y la aceptación profunda de que somos UNO.

De éso se trata no tener guerras internas. De no tener miedo. Nada más.

\ La Paz es la completa ausencia de miedo. En todas las circunstancias, sin importar las apariencias.

¡La utilización del miedo no es tampoco ser idiota!

El miedo es una sensación física (Bioquímica) que nos alerta ante un peligro. El problema es que los peligros que imaginamos son muchísimos más que los que realmente nos amenazan. Pero estamos tan alertas todo el tiempo que es imposible pensar que vivir sin miedo es una posibilidad real.

Te hago pues las preguntas… ¿Sabés a qué le tenés miedo? y, más importante aún… ¿Por qué?

En el \»para qué\» están las justificaciones, de lo que te agarrás para decirte que está bien tener miedo. Que el miedo es importante. Que es tu amigo.

Revisar… Al rato y sos mucho mas libre de lo que pensás.

Y quizás ya estés en paz.

Y yo… ¿Qué hago aquí? La historia de la cuenta-historias

Yo cuento historias. ¿Qué le hago? Lo he hecho desde siempre. Tal vez porque aprendí a leer muy temprano en la vida y la casa paterna estaba cubierta de libros de piso a techo y en mi familia, digamos que bueh, había que leer, a güevo.

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Y entonces aprendí a relacionarme con las historias y a interpretar el mundo desde ellas. Aprendí a contarme historias como buena Sapiens y a creérmelas. Por ejemplo, me conté la historia de que yo había sido víctima de vainas, me la creí y viví resentida por un buen tiempo, con mucha gente si, pero sobre todo conmigo misma.

Al final de lo único que fui víctima fue de mi fértil imaginación y la necesidad de ser una heroína épica que sufriera en esta vida.

¡Ojo! No minimizo algunas circunstancias dolorosas que sucedieron en mi infancia. El problema fue que estas circunstancias las convertí en armas contra mi misma.


Si querés leer la historia completa anda por acá: ¡Salgámonos del closet de una vez!


El asunto es que no importa lo que te suceda en la vida, el asunto es cómo lo interpretas, y los niños, esos maravillosos contadores de cuentos, con frecuencia nos vemos a nosotros mismos como los malos de la película y los culpables de todas las tragedias.

\

¿Por qué hablo, a mis casi 57 años, como si aún fuera una niña? ¡Uy! Porque en mi hay una niña indudablemente que con frecuencia está al mando. (Si no fuera así no lograría pintar sin aburrirme).

Y bueh, es que además están las novelas, y las telenovelas, y las series, Netflix y los juegos, todos están repletos de historias con héroes \»sufridos\» -y estoy siendo amable- . Un héroe feliz, que la lleve suave y que no tenga algún problemita de estrés ¿Tiene gracia? ¡Cero gracia!

Entonces bueh, todo esto para decir que me conté un montón de historias y me hice algo adicta a ellas.

Desde muy pequeña aprendí a contarlas, y pasé veinticinco años como guía de turismo, contando historias de un lado al otro de mi hermoso país.

Pero es que a los turistas hay que atenderlos ¿ves? Y bueh, yo tuve cinco hijos y un día me harté de atender gente.

No me malentiendas, no era la madrecita sacrificada que sufría horrores para criar a sus hijos… Pero si. ¡Jaja! Ahora me río mucho pero por mucho tiempo sufrí porque elegí sufrir. Digo, en buena lid no pasó nada realmente horrible, pero si los sufrí, a los turistas y a los hijos.

Y bueh, un día dejé de guiar y otro les dije a mis hijos que me iba de la casa. (La historia es más compleja pero no tengo mucho tiempo y qué pereza contarla toda).

Me conseguí una terapeuta, le dije que quería paz 24/7 y que no iba a soltarla hasta que lo lograra.

Y bueh, pasé 7 años sanando, a lo bestia. De todo. Lloré horrorosamente, perdoné y me perdoné cientos de historias, aprendí a meditar, me abrí a viajar de muchas formas, hice Curso de Milagros a diario, pinté y pinté y pinté, creí que era hora de levantar vuelo y la Vida me devolvió a mi tierra de un pandemiazo, y pasé un par de años más metida en la montaña.

Y un día llegó la posibilidad de viajar, y México de nuevo, y todo se acomoda para que mis pinturas y mis palabras salgan a la luz y ¡Bueh! Tengo que salirme de nuevo del armario, una vez más.

Voy a explicar esto antes de que se vuelen por donde no es… ¡No, no soy les! Me encantaría pero no. Pero quiero darme permiso para hablar una vez más, como cuando escribí el de \»Salgamos del Closet de una vez».

Que soy una señora rara haciendo el ridículo en tiktok… ¿Eso es lo peor peor que puede pasar? Ah ok, entonces de la mano de mi Yo Mayor, voy a seguir hablando. :=)

La inspiración artística, una maravilla venida desde la unidad.

La inspiración artística es un misterio, una pregunta sin respuesta posible. Un ámbito mágico en el que el tiempo para y entra información que antes no estaba. ¿De dónde viene? ¿Para qué? Veamos a ver si nos contesta…

\Inspiración

La inspiración artística es una experiencia. Todos la hemos vivido, aunque seas contador y creas que en ti no hay un gramo de artista. Sin embargo, ¿No hay un momento en que estás metido/a en una tabla de excel y el mundo desaparece entre números, coherencias y columnas? La clave es ésa: El mundo desaparece.

Se resume maravillosamente en la película Amadeus cuando Mozart luego de un conflicto familiar re-entra a seguir componiendo y todo el ruido externo es reemplazado maravillosamente por los acordes de su música.

Desde donde yo lo veo, la inspiración artística está anclada en que el sistema del que somos parte es mucho más grande que la suma de sus partes. O sea, puesto en algo comprensible, yo estoy escribiendo para quiénes necesiten saber esta información. Nadie está solo nunca. Eso es imposible. La individualidad es un mito de los sentidos.

No somos individuos, aunque vernos en cuerpos nos haga creer lo contrario.

Y aquí termina. Ahgh. Faltan palabras para lograr el ranking… ¿Viste? Este es un excelente ejemplo.

Todo me impulsa a escribir más. No me queda de otra. Las reglas están hechas de tal forma que no puedo ni queriendo, saltármelas. Entonces sigo.

La inspiración artística fluye cuando te callas. Cuando la mente individual deja de gritar y la mente total se comunica sin siquiera hacer el menor ruido. Fluye como agua venida de la única fuente de la que viene todo. Llámalo como quieras. Da igual. Y da igual si crees en ella o si crees lastimeramente que tu pequeñez en serio puede crear belleza.

El personaje jamás crea nada. El personaje puede recibir los aplausos y creérsela. Pero en el fondo, todo artista sabe que la inspiración artística libre y genuina está más allá del tiempo, el espacio o las pequeñas victorias o pérdidas humanas.

\Inspiración

Vincent Van Gogh, por si mismo no tiene la menor importancia. Si se enfermaba, si le gustaban las rubias o si tenía callos en los pies es completamente irrelevante para su maravilla.

Era un tipo que se invisibilizaba para traernos belleza que nadie en su época podía comprender pero que nos enseña, a través del tiempo y el espacio que la belleza y el movimiento son capaces en el lienzo más tieso del mundo. Un artista es un tomador de dictado, eso es todo.

Soltarse en la inspiración significa soltar el control, dejar de pensar, y de sentir, es meterse de cabeza en los colores, en las letras, en lo que está pasando en el momento presente… Ya luego verás, ya luego leerás. No tenés idea. Todo a la venta. No se entiende, sólo sos un instrumento de la vida para decir lo que sea que la vida quiere que digas.

El mensaje es una flecha y el artista el arquero. No somos capaces de ver desde nuestra pequeñez adónde va a caer lo que lanzamos. Es posible que alguien lo reciba, en alguna parte. Para algo.

No tenemos ni idea. Y esa es la maravilla. No necesitamos saberlo.

Van Gogh sólo vendió una pintura en toda su vida. La gente y los que manejaban arte le decían que lo que hacía no tenía sentido alguno, que es francamente feo.

Vincent nunca supo lo que su pintura le hizo al arte, pero entendíamos sobre todo, que Vincent, el hombre, el personaje no era para nada importante. Sólo su arte lo era, y ése no era de él.

¿Golpe para el ego? ¡Sí!

Camina solo por el Bosque Nuboso de Monteverde al menos una vez

Monteverde alberga algunas de las reservas de bosque nuboso más impresionantes del mundo. Desde la Reserva de Curicancha hasta la Reserva del Bosque Nuboso de Monteverde, cada una ofrece senderos únicos repletos de fauna diversa y vistas impresionantes. Estas reservas están diseñadas para la exploración, permitiéndote deambular a tu propio ritmo y conectar de verdad con la naturaleza. Tanto si eres un excursionista experimentado como si es tu primera vez, caminar solo por este entorno mágico te dejará recuerdos inolvidables y un nuevo aprecio por la soledad.

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Etiquetado, nuestra prisión favorita

Estamos en la era de las etiquetas. Etiquetar es un deporte de moda. La «tendencia». Hashtags arriba y abajo, hashtags con los que nos encerramos y nos limitamos. Hashtags para hacer mundos oscuros y amargos. Hashtags para reír y para llorar.

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Espíritu Nahual. Colección particular de Andrés Herrera González.

Las etiquetas (esos prejuicios de papel amarillo) nos aprisionan tanto como nos justifican.

Siempre me gustó un poema de la magnífica Tatiana Lobo que decía «Me gusta que me llamen puta, porque así puedo hacer el amor con quien quiera«.

Sin embargo, cuando miro la frase de cerca, lo que veo es la búsqueda de una excusa para hacer lo que hago de todos modos.

Soporto el dolor del rechazo que conlleva la etiqueta de zorra y con ese dolor pago mi libertad.

¿Hablas en serio?

Sí, hablo en serio.

Laetiqueta me justifica, me guía, me protege.

Todos hemos vivido en armarios hechos de etiquetas. Nos pusieron etiquetas cuando éramos niños, seguimos creyéndolas voluntariamente y las defendemos como defendemos la vida: «Soy desordenado» «Soy inconstante» «Estoy loco«.

(Un paréntesis válido: No necesitas la etiqueta para definirte. Eres lo que eres y, en este mundo interconectado, lo haces lo mejor que puedes).

Las etiquetas, además de ser barracones defensivos, son prisiones voluntarias. Nos persiguen, nos culpan, nos castigan. Nos torturan. Pueden matarnos.

Y basándonos en estas etiquetas que nos definen y con las que definimos al resto del mundo, juzgamos lo único que es imposible de juzgar: lo que somos. El otro soy yo.

Y como nuestro ego insiste en existir, transformamos al otro y a nosotros mismos en etiquetas. En función de ellos, nos alejamos o nos acercamos. En base a ellos atacamos, en base a ellos matamos. Nos convertimos en islas rodeadas de mares de «notas post-it».

Cerramos puertas y, quedamos prisioneros en la imposible soledad de la defensa total.

#weareallidiots #evil #french #toxicpeople #slut #fag #gringo #dyke #stubborn #stupidpeople #Iambest #iamaslut #sonofabitch

Obviamente, en una utopía a la que aún no hemos llegado, las etiquetas van a caer. A todos.

Quiero decir, obviamente: ¡están cayendo delante de nuestros ojos! Nos las ponemos y se caen viejas y desgastadas porque van perdiendo la goma.

Pero tenemos que entender que si queremos, todos nosotros, liberarnos de etiquetas, de prejuicios y de todas esas cosas… Sí. Tengo que ser el primero en dejar de etiquetarlo todo.

\Puntos

Y sí, necesariamente para dejar de etiquetarte, tienes que quererte mucho, porque lo único que atacas es lo que odias en ti.

Si te desprendes de la etiqueta en la frente del otro, la tuya desaparece.

Y entra la Paz.

El cambio de percepción modifica la forma de percibir la realidad.

Y había otro tipo -poco conocido- que solía decir «si ves la hierba en el ojo ajeno, no ves la viga en tu propio ojo«

Tenía razón. ¿Quieres conocerte a ti mismo?

Fíjate en las etiquetas que pones a los demás. Así es como te defines a ti mismo.

Mi universo es un enorme espejo de lo que creo que soy.

Y tu universo es un enorme espejo de lo que crees que eres.

Si ambos nos liberamos de las condenas, ambos nos liberamos. Así de sencillo.

No porque un dios nos lo imponga. No porque Jesús, Buda o Pacha Inti nos lo recomienden… ¡Amigo! La prisión que no nos permitirá ser felices, son nuestros juicios, condenas y castigos.

«El infierno son los demás», dijo Sartre – (en un contexto que desconozco. Es importante aclararlo) – ¡No! El infierno son las etiquetas que ponemos a los demás -que proceden de las que ya nos ponemos a nosotros mismos-.

Ahora, sí, todo bien. ¿Y qué se supone que debo hacer?

Un ejemplo: Si mi tía es tóxica(y tóxico es un juicio y una etiqueta), y me alejo por ello, ¿tengo que volver a acercarme a ella?

No tienes que hacer nada. Nada de nada. Ábrete a la posibilidad de que la próxima vez que la veas no sea «tóxica». Échale un vistazo. Eso es todo. Y si lo que ves te asfixia, cierra como una almeja.

(Si tienes un terapeuta, habla de ello en la próxima sesión. Después de un tiempo y saldrán cosas interesantes).

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Vida – Leticia Catalayud Colección Privada

Y como muestra, cuento una historia (y envío un mensaje a la web, de paso).

Sobre el lobo:

Tengo un amigo, al que quiero profundamente.

Una de esas personas con las que entablas una conversación que sólo parece prolongarse a lo largo de los años. Nos reímos mucho juntos, viajamos juntos, lloramos juntos y, en general, nos hicimos felices el uno al otro.

Una relación sin sexo, pero poblada de amor. Y, sin embargo, sí, le califiqué de «tóxico» hace muchos años como consecuencia de repetidas agresiones en ataques de ira incontrolables.

A veces es como un lobo furioso, y puede morder con fuerza.

Cada vez que pienso en volver a contactar con él, la etiqueta me atraviesa y me defiende. «Y lo supero«.

Hace muchos años que no sé nada de él. No sé si habrá cambiado en su médula, lo único que puedo hacer es desearle lo mejor y asegurarle si me lee, que le quiero mucho.

¿Dejar la etiqueta? Por un segundo tal vez. Sólo para echar un vistazo a ver si el «agresor» sigue ahí.

Es mi prerrogativa hacerlo o no.

(¿Es un mensaje? Sí y no. Si lo es, es a una persona concreta. Pero si no eres esa persona en concretoes una historia, que contiene sí, un mensaje).

\Árbol

¿Cómo dejar de etiquetar?

En primer lugar, trátate con cariño y paciencia.

Tu bienestar y tu paz mejoran el metro cuadrado en el que vives y desde el que iluminas la esfera de tu universo.

Si no puedes soportar el dolor causado por lo que ves, no pasa nada. Vete. Sin culpa (que no sirve para nada).

Presta atención a tus pensamientos. ¿Qué le hace cerrarse, volverse evasivo o distante?

Suelta las etiquetas de los demás, las de la publicidad, las de los cotilleos.

Suelta las etiquetas que ni siquiera sabes que llevas puestas. Comprueba lo que piensas de éste y de aquél. Cuestiona todas las etiquetas. Cuestiona lo que crees saber sobre los demás.

Deja de suponer y de interpretar. Date una oportunidad por un día.

Pruébalo. Mira tus etiquetas sólo un día. Y verás cómo te sientes.

Aceptar el hecho de que estás equivocado… es el pensamiento más liberador. 🙂

Deja pasar un día.

Déjate caer.

No hay suelo.

Este artículo se publicó en Medium:

Olga Saenz-carbonell. \»Etiquetado, nuestra prisión favorita». Medio. 18 de marzo de 2021. Web. 18 de marzo de 2021. <https://olgasaenzcarbonell.medium.com/labeling-our-favorite-prison-7d57b6a7134b>