Mexico Día 3. La lección del tiempo, de la historia y de nuestra resiliente humanidad

 

Hoy me fui para el Zocalo, esta plaza dramáticamente grande. Y viví un montón de emociones como suele sucedernos cuando viajamos. Iba a comprar unas pinturas… Nada más. ¡Si claro! ¡JA!

Cada vez comprendo mejor el sistema y por una vez no me perdí viniendo de vuelta. En el Centro Histórico di mil vueltas y anduve como dos horas buscando un museo que nunca encontré (El de la Inquisición. ¡Este morbo! ¿Qué les digo?)

Pero descubrí, primero la Catedral Metropolitana y luego la magnificencia de Tenochtitlan.

En principio, tengo que comentar que para este viaje hice la tarea, y me vi y leí todo lo que pude encontrar de historia de México. Dos grandes aciertos fueron Diana Uribe, esta maravillosa relatadora de historias de la historia, y “Cortés”, la serie de Amazon Prime. 

Ver ese montón de piedras juntas no tiene ningún sentido hasta que sabés qué contienen. Los significados que les damos a las cosas siempre son los que nos hacen sonreír, llorar o encolerizarnos… Y hoy, pasé por las tres.

En principio, porque al llegar a la estación del metro en el Zocalo, te recibe un mapa explicando Tenochtitlan, y luego al subir, la ves, en maqueta y en vivo… lo que quedó. Lo poco que quedó. 🙁

Pero tenemos que ver de cerca la historia.

No todos los mártires son mártires en serio. Y no todos los hijueputas, lo son en serio. No le quito un pelo a la codicia irracional de los españoles, ni estoy haciendo una apología de todas sus brutalidades en la conquista.

Pero veamos de dónde venían: Un lugar donde ya la tierra estaba tomada por la nobleza y la gente se moría de hambre, sin posibilidad de progresar, crecer o cambiar más que teniendo oro.

Y la verdad es que los mexicas (Conocidos como aztecas por los españoles) eran unos grandes cabrones.

De no haberlo sido, los españoles no hubieran tenido tanta suerte. Pero ellos explotaron en impuestos y sangre a las comunidades que estaban dentro del imperio. Y el “Divide y vencerás” europeo triunfó acá dramáticamente.

Fueron miles de nativos los que apoyaron a Cortés. No podemos obviarlo. Aunque nos encantaría pensar que los malos son los del otro lado. ¡Nah! En la historia no hay buenos o malos, hay seres humanos, con motivos y caminos distintos.

Sin embargo al llegar a la orilla de lo que fue el Templo Mayor me conmovió hasta las lágrimas. ¡No sé! Tal vez es todo el dolor y la violencia que se vivió ahí con la caída de la ciudad. Y me refiero a la conquista.

El Templo Mayor hoy, me tocó el corazón y me sacó las entrañas.

Lo que comenzó el final fueron los sacrificios humanos. La perfecta excusa.

Los sacrificios humanos, tan detestados por nuestra sociedad europeizada eran un asunto cotidiano. Se hacían para apoyar las cosechas, pedir la lluvia y mantener el control ante los dioses. La sangre es la energía suprema y darla a los dioses era lógico desde la visión mexica.

Para los españoles eran la abominación y sin embargo al mismo tiempo la inquisición estaba quemando y torturando gente a lo bestia por motivos mucho menos enaltecedores.

Religiones, al final. Ambas. Política disfrazada de creencias. Dioses políticos que requieren pagos, de una u otra manera. 

Sin embargo, ver cómo se arrasó esta ciudad y cómo sus piedras se convirtieron en catedral y en palacios gubernamentales   siempre causa un dolor interno, una inevitable identificación con los vencidos que siguen acá, vivos.

Querríamos haberles podido decir a estos cabrones del otro lado:  “Dejennos en paz, tomen el oro y vuelvan al mar”, como lo cantaba Alux Nahual en ésta maravilla de canción. 

No voy a hacer de ésto un juicio de la historia. ¿Cómo para qué sería?, digo yo. Ya los hemos juzgado hasta el absurdo. No tiene mucho sentido.

Lo que me parece demoledor y lo he vivido en México a cada paso, es que si.

SIGUEN VIVOS. 

A los mexicanos les trataron de quitar la identidad y luego les arrebataron 67% de su territorio (Estados Unidos), y sin embargo… Yo vivo actualmente en un lugar que se llama Itzacalco (Nahuatl, sin duda) y Trump está viendo como monta una pared para que no sigan pasándose los mexicanos a las tierras que eran de ellos.

¡Y ellos se llaman México, no Nueva España!

Siguen vivos. Y en el tiempo, por debajo de la mesa, quediticos, muerden y arrancan su victoria a cientos de años de la última batalla. 

Me encanta el símbolo.

“El show no se termina hasta que la gorda cante”. 

Nos podemos creer fenomenalmente vencidos. Y sin embargo, el tiempo sonríe.

Tarde o temprano volveremos a ver y nos daremos cuenta de que las batallas son éso: Pasos en la vida. En unas nos va bien, en otras no tanto. En unas triunfamos y nos damos un espaldarazo a nosotros mismos. Otras parecen destruir hasta nuestros cimientos.

Pero seguimos vivos.

Y si algo aprendí hoy de México, los mexicanos y Tenochtitlan es que no importa cuántas veces te maten, seguirás inevitablemente viv@. 

Y volverás a ganar, en algún momento, otra batalla. 

Quetzalcoatl, la serpiente emplumada.

No voy a entrar en toda la explicación porque me dan las 3 de la mañana, pero baste decir que es la serpiente (El ser terrestre, que se arrastra) que se convierte en un ave mágica y hermosa. Encuentra su divinidad y va hacia ella.

Si puedo pensar en un símbolo que me recuerda a la Presencia que vive en nosotros es ese. 

No importa cuánto nos arrastremos por la vida. Tarde o temprano, inevitablemente, volaremos. Todos. 🙂


Por último pongo esta foto… ¡me hizo tanta gracia! Si hubieran andado buscando una “tortera” (femenina), ¡tendría brete en México!

(para mis amigos de otras partes del mundo “tortero” en Costa Rica es alguien que comete muchos errores que tienen consecuencias. Por ejemplo un embarazo no deseado es “una torta”… o sea, yo soy la definición de “tortera”, por ejemplo 😂)

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