El juego de la víctima. Todos lo jugamos. Todos nos echamos a llorar porque no tenemos el confite de turno. Todos nos hemos tenido lástima, todos nos hemos sentido como héroes injustamente tratados. Es un juego adictivo y peligroso y nos hace, si, muchísimo daño.

 

El juego de la víctima. Es un juego adictivo, peligroso, en que apostás y siempre perdés tiempo, felicidad y con frecuencia relaciones, trabajos y otro montón de yerbas similares.

Primero que nada, quitemos a las verdaderas víctimas del post. De una. 

Quitemos los casos extremos de los chiquitos que viven en cualquier tipo de dolor. Quitemos la guerra, el hambre, la violencia y todo lo que realmente amerita la palabra “Víctima” (Con mayúscula).

Eso no es un juego. Y no estoy hablando de éso. 

Si tus necesidades primarias están satisfechas, sos mayor de edad, y no vivís en violencia causada por algo infinitamente más grande que vos, como una guerra.

Y aún así, te sentís injustamente tratado en alguna parte de tu vida, lo estás jugando, y al jugarlo, si, ¡Qué pena! Te estás poniendo una zancadilla.

Las víctimas son glorificadas, tienen muy buena publicidad y sin duda llaman la atención. Las víctimas merecen consideración, respeto, dignidad.

¿Qué sería del mundo literario o del cine sin víctimas?

Es la defensa máxima. “¡Soy víctima!”. Y si estás del otro lado, es culpabilizante. Sin duda.

El juego de la victima

¿Porque jugar el juego de la víctima?

El asunto es, llorar para que me den el confite. ¿Funciona?

¿Qué es el confite? en este mundo de adultos. ¿Qué es lo que busco sintiéndome hecha/o mierda?

Un amadísimo amigo solía decirme ante un jefe tiránico que teníamos “Aquí no hay mártires, sólo voluntarios”.

Este es un juego que jugás voluntariamente. Y en tu contra. En que te metés autogol.

En que, ante todo y sobre todo, sos víctima de vos mismo/a.  Es una zona de confort, en que optás por pasarla mal para ¡Pucha! para estar bien.

Es un juego en que te decís a vos mismo que estás vencido.

Y,  ¡Qué torta! Rendirte no sirve para nada.

No es como que decís que te rendís y que ya no podés más y los problemas súbitamente desaparecen. No pasa nada cuando te sentís víctima.

Nada.

Tarde o temprano te tenés que levantar de ahí, y dejar de sentirte que no podés, y ¡diay! Enfrentarte a que estás viva/o.

¿Cómo somos cuando estamos en víctima?

Las víctimas son peligrosas. Enanos con cuchillo.

Lo del enano con cuchillo viene de una parrafada genial -y ante todo muy útil- que escuché una vez en un bar:

“No hay nada más peligroso que un enano con cuchillo.

El enano en uno es la parte más pequeña. más vulnerable y más insegura. Es la parte en uno que tiene más miedo. Si le das un cuchillo, va a matar. Sin duda.

No hay nada más peligroso que un enano con cuchillo”

Cuando entramos en el juego de la víctima, le damos el cuchillo al enano. E, inevitablemente nos hacemos mucho daño.

  • Las víctimas creemos que todo el mundo está ahí para nosotros, porque todo el mundo es culpable de nuestro dolor.
  • Las víctimas creemos que si no estás para mi aquí y ahora sos desleal y merecés lo peor.
  • Las víctimas creemos que el otro solo existe en función de mi.
  • Las víctimas creemos que mi dolor es más intenso, que solo yo lo siento.
  • Las víctimas creemos que el universo completo la tiene contra mi. Porque si, así de importante me creo cuando soy víctima.
  • Las víctimas, si creemos en Dios, lo convertimos en sádico.
  • Las víctimas somos impotentes.  No tenemos forma de defendernos.
  • Las víctimas creemos que estamos solas, incluso cuando lloramos en el hombro de alguien.
  • Las víctimas sentimos envidia porque yo no pude y el otro si.
  • Las víctimas estamos muy enojadas, porque a nadie le importa que yo ¡Yo! sea una víctima.
  • Las víctimas estamos paralizadas por el dolor que creemos sentir.

Ser víctima es un escondite ante el verdadero dolor. Ser víctima es la cueva en la que me escondo para no enfrentarme a la vida y a lo que siento.

Si soy víctima le puedo tirar lo que siento a alguien más. Que es, al final, mi victimario.

Si soy víctima, ante todo y sobre todo, no soy responsable de nada, ni de mi vida, ni de mi dolor, y por lo tanto no puedo hacer nada más que sentirme víctima de él.

Y odiar al que esté al frente por causar, ¡cualquier cosa!

El juego de la víctima es, ante todo una elección.

Decidimos o no jugarlo.

¿Porque juego el juego de la víctima? Porque así lo decidí yo. 

El juego de la victima

¿Cuándo te salís del juego?

Cuando decidís responsabilizarte por vos mismo.

Por tus emociones, por tus sensaciones, por tus pensamientos, por tus acciones.

Cuando dejás de preguntarte quién es el culpable y te das cuenta de que sos responsable por tus reacciones.

Pero ¡Además! Te das cuenta de que el otro también es responsable de las suyas. ¡No vos!

¿Cuándo dejás totalmente el juego de la víctima?

Cuando te das cuenta de que no sos, por nada y para nada, el centro del universo de nadie más.

Y de que eso, es maravilloso.

Para terminar, la pregunta siempre es “¿Para qué?”

El juego de la victima

¿Para qué jugás en juego de la víctima?

No sé vos.

Yo creo que yo aprendí en algún momento que pasarla mal era ser muy “cool”. Que los héroes la pasan mal.  Que sufrir es parte del guión de un personaje muy muy interesante.

Y, ¿para que quiero ser interesante?. Simple.

Porque ando pidiendo a gritos ser amada.

Porque creo que no soy amada.

Y soy, brutal y caústicamente víctima de ésa tremendamente absurda creencia.

Emma Watson sacó la palabra “self-parterned” (Auto-acompañada).  (Si hubiera estado ahí, le aplaudo de pie.)

¿Quién no me ama?

¿Mis hijos? ¿Dios? ¿Mi pareja? ¿Mis padres y hermanos? ¿Mis amigos?

No, Perdón. La que no me he amado lo suficiente soy yo.

“Aquí no hay mártires, sólo voluntarios”.

Cada vez que juego de víctima de algo o alguien, gritando ¡por favor quiero ser amada, reconocida, respetada! En realidad lo que me falta es un espejo, verme, reconocerme, respetarme y levantarme de donde estoy y ponerme a caminar de nuevo.

Con amorcito, en buena nota, con una sonrisa de apoyo interno. Auto-acompañada/o.

¿Necesitás terapia para hacer esto?

Dale prioridad 1.

Cuando se deja de jugar de víctima, ante todo dejás de hacer a los demás responsables por tus emociones.

Hacéte cargo, buscá ayuda, lee, hablá, hacéte responsable de lo que sentís y de lo que estás viviendo. Buscá comprenderTE. Hacete cargo de que siempre, lo querás o no, estás auto-acompañado.

Tratate a vos mismo con y desde el Amor, siempre. 

Responsablemente.

No es una mala idea y te puede cambiar la vida.

A mi me le está dando un giro de 180°

 

 

 

 

 

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