Narcisos y Goldmundos

De Narcisos y Goldmundos, o la versión de la cigarra.

Narcisos y Goldmundos

Narciso y Goldmundo es una novela de Hermann Hesse, autor suizo (De origen alemán) que nos inició a muchos en nuestros viajes internos. 

El libro versa sobre dos chicos, distintos, profundamente distintos, pero que, en su diferencia se complementan impresionantemente.

Narciso es el académico, la seguridad, el esquema, las reglas, la tradición y lo permanente.

Goldmundo es la pasión, la música, el movimiento, lo creativo y cambiante.

Me encantaría decir que somos una mezcla de los dos. ¡Oh si! ¡en serio me encantaría! Pero no. Si, si, todos tenemos un poco de los dos, pero definitivamente unos somos más Goldmundos y otros más Narcisos.

No es bueno, no es malo, no hay uno mejor al otro, ni es competencia. Simplemente vemos la vida desde ángulos distintos.

Lo curioso es lo que suele suceder si observamos bien entre generaciones.  Como una vez me dijo un colega: “Hijo e’loco sale cuerdo”.  ¿Y por tanto, “hijo e’cuerdo sale loco”?

Oh no, no creo que hayan reglas, pero de una forma llamativa, muchos locos tenemos hijos cuerdos y vice-versa.

La pregunta “¿Porqué?” acá no es importante, la trascendente es su hermana: ¿Para qué?

¿De que nos sirve como humanidad este contraste entre unos y otros?

¿Para qué servimos las cigarras que no construimos nada más que la pasajera música del verano? Y ¿Qué sería del verano sin la música de las cigarras? Si todo fuera construir, planear, trabajar y ahorrar.

Puesto en la frase genial de Figueres ¿Para qué tractores sin violines?

¿A qué viene todo esto? Obviamente tiene que ver con mi historia:

Mamá era una mujer alta. Digo, medía lo mismo que yo. Pero era ALTA.

Era absolutamente extraordinaria. muy inteligente, muy fuerte y con un sentido ético escrito en piedra.  Nació en 1923, le tocó vivir la recesión cuando era una niña y la segunda guerra mundial en su adolescencia y juventud.

Viene de un tiempo en que la idea de “ser joven” no existía. Se pasaba de niño a adulto.

Ella salió de la escuela para irse a trabajar a una fábrica cosiendo pantalones. Y si estudió fue porque, precisamente, su altura no cabía en una fábrica. Necesitó estudiar en las noches y salirse a ser y tener algo más.

Ahorraba para el futuro, construía planes y los llevaba a cabo.

Era Narciso en toda su magnificencia. (No hay reproche al respecto). Su impresionante estructura de piedra me hizo tener una vida muy segura, muy protegida contra el viento y las mareas.

Y por décadas trató de hacerme parecida a ella. Y por ratos yo también intentaba parecérmele. ¡Imposibles!

Me ha costado sangre, sudor y mocos entender que no hay justificación para la culpa de no ser Narciso.

Es jodido, porque todos queremos que todo el mundo sea lo que nosotros somos.

Me hubiera encantado tener una mamá medio hippie, que oyera rock y Mozart en vez de a Julio Iglesias. Me hubiera encantado saber lo que era irme de fiesta con ella.

Me hubiera encantado que mi mamá fuera Goldmundo. Pero probablemente entonces, si lo hubiera sido, yo sería lo contrario y buscaría la seguridad por todas partes. 

Porque tuve la amorosa seguridad de mamá, puedo ser Goldmundo.

A veces no hago lo que “debo” hacer. Le fallo a la gente por no fallarme a mi.

A veces me hace mierda fallar tanto en el universo de los Narcisos. 

Pero es que, en el universo de los Goldmundos, inevitablemente, los Narcisos también fallan. 

Y ¿a qué viene la cigarra? Es quizás la moraleja detrás de Narciso y Goldmundo

El cuento de la cigarra y la hormiga dice que la hormiga se pasó todo el verano y el otoño ahorrando para el invierno y que la cigarra cantaba y cantaba en el mientras.

Cuando llegó el invierno, y la cigarra se moría de frío, le tocó la puerta a la hormiga que había construido su casa para el invierno. La hormiga la despachó diciéndole que ella había trabajado mucho para éso y que, no iba a darle lo hecho a ella, que no había hecho más que cantar durante las horas en que ella trabajaba.

Y ahí termina oficialmente el cuento.

Pero es que no me da la gana parar ahí y quiero seguir la historia. 

Cuando pasó el invierno, la hormiga se puso de nuevo a cosechar, pero se dió cuenta de que el silencio lo plagaba todo. La cigarra no estaba para cantar. Había muerto congelada.

La hormiga no se había dado cuenta de que la cigarra también estaba trabajando. A su manera, y con su canto hacía que las largas horas de recoger y trabajar bajo el sol no fueran infernales. Le traía alegría y colores a su vida.

TODOS somos válidos. Todos tenemos una función. Y ninguna es más importante que la otra.

Si la hormiga le hubiera dado cobijo a la cigarra, ambas hubieran tenido música y comida todo el año.  ¡Pinche Hormiga!

Soy cigarra, soy Goldmundo, soy nómada y soy artista. Pertenezco a lo temporal.

Pinto colores y los dejo por ahí.

Entre los Narcisos y Goldmundos no hay competencia posible. No somos mejores por ser uno o el otro. No hay diferencia en la calidad, aunque la forma parezca conflictuada. 

Ambos somos indispensables.


Resumen de caracteres en Narciso y Goldmundo: 

Narciso representa el espíritu y Goldmundo la naturaleza. Aquél lo espiritual y éste lo material. Narciso personifica a Apolo y Goldmundo a Dionisio. Narciso sueña con mancebos y Goldmundo con mujeres.

Narciso es el tradicional y Goldmundo el iconoclasta. Narciso prefería los conceptos y las abstracciones y Goldmundo gustaba de las palabras y sonidos que encerraban cualidades sensuales y poéticas. Para Narciso el mundo estaba formado de conceptos y para Goldmundo de imágenes.

Narciso, como pensador, trataba de conocer y representar la esencia del mundo por medio de la lógica, y Goldmundo, como artista, por medio de las representaciones. Narciso de daba importancia al pensar, y Goldmundo no, pero sí se lo daba la aplicación del pensar al mundo práctico y visible. Narciso es el filósofo y Goldmundo el artista.

Narciso llevaba una vida reglamentada, Goldmundo una vida libre. 

Narciso obtenía el conocimiento por el camino del espíritu y Goldmundo por el camino el de los sentidos. El pensar de Narciso era un constante abstraer, un apartar la mirada de lo sensorial, un intento de edificar un mundo puramente espiritual, y Goldmundo, por el contrario, centraba su interés en lo mudable y mortal y descubría el sentido del mundo en lo perecedero; uno seguía el camino trazado por Parménides y el otro el trazado por Heráclito. 

Narciso trataba de acercarse a Dios separándolo del mundo; Goldmundo, amando su creación y volviéndola a crear. Narciso era lógico y Goldmundo soñador. El primero simboliza la razón y el segundo la pasión.

Entre los dos se dan las contradicciones y las convergencias. Ninguno de los dos entendía al otro por entero. Encarnan lo racional y lo instintivo, lo consciente y lo emotivo, lo científico y lo artístico. Los dos se oponen y se complementan  (1)

 

(1)   Rios, L., Rios, L., & perfil, V. (2011). APRECIACION SOBRE “NARCISO Y GOLDMUNDO” DE HERMAN HESSEFilologosiconoclasta.blogspot.com. Retrieved 26 October 2019, from http://filologosiconoclasta.blogspot.com/2011/01/apreciacion-sobre-narciso-y-goldmundo.html

 

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